anoche volvía del trabajo demasiado tarde, demasiado furioso y demasiado cansado de todo.
El taxista, desde que indiqué el destino hasta nuestro arribo, se empecinó en obtener una conversación digna a pesar de que mi atención estaba puesta en un montón de papeles que intentaba leer. Hizo gala de todas las estrategias que tenía a mano, veamos:
Intento 1:
t: mirá! anda a gamba essste. Como 100 lucas cuesssta una de esa´, pero dólares, eh?
yo: ....
Intento 2:
t: vo´ recién salí del laburo?
yo: si
t: me parece que hay onda con una minita, je! sino a que te vas a quedar hasssta tarde (guiño de ojo a travéz del retrovisor)
yo: ni eso.
Intento 3:
t: vissste cómo nevó? mis pibes estaban como locos. Yo no veia nevar desde mi luna de miel en Bariloche
yo:....
Intento 4:
t: ésssta Araceli está re fuerte. Tiene mi edad podésss creer?
yo: no
Intento 5:
t: podésss leer con tan poca luz?
yo: si
t: mirá que te podé lastimar la visssta
Coda:
yo: en la esquina está bien
t: (recibiendo el dinero) nada de cambio che. No tené uno de diez?
yo: si.
t: nos vemo´desscansá flaco
yo: gracias!
Me pregunto qué lleva a estos tipos a esforzarse tanto en sacar una conversación cuando es obvio que su interlocutor no quiere hablar. Por suerte no era un 504. Por suerte Brasil y Uruguay fueron a penales y pude verlo. Por suerte habían arreglado la calefacción.
y en mi locura de caminar así, ví tantos colores...
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11.7.07
27.6.07
premio grasa 07 - nominado
en las inmediaciones del Alto Palermo paré un taxi, de noche y con más ganas de volver pronto a casa que Tom Hanks en Náufrago. Abatido por una larga jornada laboral tardé unos segundos, los que demoré en sentarme y cerrar la puerta, en descubrir que dentro de ese auto se situaba el mismísimo infierno.
La cumbia, en su estado más espantoso, invadía el vehículo a un volumen tan alto que jamás una bailanta del conurbano pudo igualar.
"y cómo mueeeeve la cadeeera, a veeeerrr, la mueve despacito...".
Unas luces centellaban desde el tablero, moví mi cabeza para esquivar el apoyacabeza delantero que me impedía ver ese miniplasma colocado sobre la guantera con grabaciones de Pasiòn Tropical o cosa semejante. Una suerte de "enchúlame la máquina" pero más grasa todavía. Atroz.
"...mi negrita quieeere bailar, y mueeeve para acá y mueeeve para allá..."
Así, cada tema que atormentaba mi cabeza iba acompañado con un simpático video que mostraba tipos con trajes brillantes pendulando y alguna que otra muchacha en minifalda sacudiendo su cadera.
"...y tu miraaada de a poooquito me enloooquese..."
A las pocas cuadras el conductor decidió subir el volumen, parece que la grasada no era suficiente. Aunque adivino que uno podía hacer tortas fritas con tanta grasa.
"...querés cumbia? toma!... Este es el saaabor de la cuuumbia..."
Creí que lo peor que podía suceder dentro de un taxi era FM Vale (link). Pero no, hay un submundo peor, hay un infiero negro y amarillo ahí afuera que pertenece a radiotaxi Premium y nos acecha.
Sobreviví para contarlo, pero jamás volveré a extender el brazo en la calle sin temor.
La cumbia, en su estado más espantoso, invadía el vehículo a un volumen tan alto que jamás una bailanta del conurbano pudo igualar.
"y cómo mueeeeve la cadeeera, a veeeerrr, la mueve despacito...".
Unas luces centellaban desde el tablero, moví mi cabeza para esquivar el apoyacabeza delantero que me impedía ver ese miniplasma colocado sobre la guantera con grabaciones de Pasiòn Tropical o cosa semejante. Una suerte de "enchúlame la máquina" pero más grasa todavía. Atroz.
"...mi negrita quieeere bailar, y mueeeve para acá y mueeeve para allá..."
Así, cada tema que atormentaba mi cabeza iba acompañado con un simpático video que mostraba tipos con trajes brillantes pendulando y alguna que otra muchacha en minifalda sacudiendo su cadera.
"...y tu miraaada de a poooquito me enloooquese..."
A las pocas cuadras el conductor decidió subir el volumen, parece que la grasada no era suficiente. Aunque adivino que uno podía hacer tortas fritas con tanta grasa.
"...querés cumbia? toma!... Este es el saaabor de la cuuumbia..."
Creí que lo peor que podía suceder dentro de un taxi era FM Vale (link). Pero no, hay un submundo peor, hay un infiero negro y amarillo ahí afuera que pertenece a radiotaxi Premium y nos acecha.
Sobreviví para contarlo, pero jamás volveré a extender el brazo en la calle sin temor.
13.6.07
subte línea C
Los lunes a la salida del laburo tomo el subte en la estación San Martín. En la ventanilla atiende una señora que porta más colores y adornos que un pino navideño.
El pelo teñido de un color que se acerca al magenta, los labios pintados de fucsia y los ojos turquesa. La cantidad de collares y anillos que lleva sobre su humanidad no sólo permite sospechar que pasa horas frente al espejo sino también, y esto ya con una entidad tal que podría afectar a la nación toda, que la producción de aluminio, acero y metales similares del 2006 está dentro de esa ventanilla del subte. Con las consecuencias de desabastecimiento a la industria metalera, suba de precios, paros de la UOM y hasta la intervención de Ricardo Iorio, representante máximo del Metal nacional.
Un trabajo interesante hay en sus uñas, que sin ser un entendido en la materia me animaría a señalar como postizas. Eternas, blancas y estrelladas, de algunas de ellas cuelgan breves hilos de metal que acusan, en sus extremos, corazones.
Apostaría una suma considerable de dinero a que en su living uno puede encontrar un muestrario digno de cualquier casa de recuerdos de la costa, elfantes con billetes en su trompa y una selva de plantas de plástico.
Un carnaval para la vista, una tomenta de colores para alegrar la espera hasta hacerse del boleto. Una sinfonía de mal gusto, pero simpática.
El pelo teñido de un color que se acerca al magenta, los labios pintados de fucsia y los ojos turquesa. La cantidad de collares y anillos que lleva sobre su humanidad no sólo permite sospechar que pasa horas frente al espejo sino también, y esto ya con una entidad tal que podría afectar a la nación toda, que la producción de aluminio, acero y metales similares del 2006 está dentro de esa ventanilla del subte. Con las consecuencias de desabastecimiento a la industria metalera, suba de precios, paros de la UOM y hasta la intervención de Ricardo Iorio, representante máximo del Metal nacional.
Un trabajo interesante hay en sus uñas, que sin ser un entendido en la materia me animaría a señalar como postizas. Eternas, blancas y estrelladas, de algunas de ellas cuelgan breves hilos de metal que acusan, en sus extremos, corazones.
Apostaría una suma considerable de dinero a que en su living uno puede encontrar un muestrario digno de cualquier casa de recuerdos de la costa, elfantes con billetes en su trompa y una selva de plantas de plástico.
Un carnaval para la vista, una tomenta de colores para alegrar la espera hasta hacerse del boleto. Una sinfonía de mal gusto, pero simpática.
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